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Sigamos a Jesús en su Reino de Vida. ¡Guíanos, San

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05 December 2011

Sigamos a Jesús en su Reino de Vida. ¡Guíanos, San

Por Ruth Padilla Deborst

Ni siquiera fue sencillo para ellas y ellos, para quienes convivieron con él por tres años. Sí; caminaron por esos polvosos caminos. Sí; oyeron sus relatos mediante los cuales, con elementos de la vida diaria, reveló verdades profundas sobre Dios, sobre la humanidad, sobre el propósito de la vida. Sí; le vieron dar vista a los ciegos, re-establecer a leprosos en la comunidad, afirmar la dignidad de las mujeres, legitimar el valor de los niños, confrontar a quienes en su religiosidad excluían a otras personas. Pero aun con todo ello, no les fue fácil seguirlo. Es que un seguimiento pleno les exigía más que el abandono temporal de asuntos margi­nales en su vida, más que superponer conceptos, prácticas y tradiciones nuevas a lo ya conocido. Quien seguía a este «maestro don-nadie» arriesgaba su reputación en la comunidad, se tornaba objeto de sospecha por parte de los poderes religiosos y políticos del día, y quedaba marcado de por vida como sectario inconformista. Extraña podría resultar la afirmación de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», especialmente cuando –como atestiguan los relatos del primer siglo– confe­sar a Jesús –y no al César– como Señor absoluto, ¡no sólo era mala estrategia para hacer carrera en el imperio romano sino que también podría implicar perder la vida! Nada tuvo de sencillo el discipulado en aquellos días.

Hoy el imperio es otro, las religiosidades excluyentes tienen otras caras, los intocables sufren otras ignominias, las cruces y los leones han sido reemplazados por otras formas de escarmiento y tortura. Aunque la naturaleza radical, integral y arriesgada del seguimiento de Jesús no ha variado, a quienes procuramos se­guirlo nos toca hoy preguntarnos cómo hacerlo en éste, nuestro contexto actual. ¿Qué implicará confesar su Señorío en medio de las imperantes tiranías políticas, económicas y aún religiosas y espirituales? ¿Qué posturas asumirán quienes se reconocen seguidoras y seguidores del Siervo sufriente que suplicó gracia para sus torturadores pero no cejó en su lucha por la justicia? ¿Cómo afirmar que el suyo es Reino de Vida cuando la violencia y la muerte parecen llevar las de ganar en nuestras calles y hogares? ¿Qué acciones caracterizarán a una co­munidad que no tolera estructuras, políticas o actitudes que explotan, excluyen, denigran o privan de oportunidad y de vida plena a minorías o mayorías?

La Fraternidad Teológica Latino-americana (FTL) no ha temido encarar pregun­tas como éstas en sus cuatro décadas de vida como movimiento. En núcleos loca­les, consultas regionales y continentales, en publicaciones, en iglesias, agencias y comunidades, así como en los históricos CLADE (Congresos Latinoamericanos de Evangelización), mujeres y hombres de diversas denominaciones y trasfondos han luchado por establecer puentes entre la enseñanza bíblica sobre la identidad y el llamado del pueblo de Dios y las realidades de su contexto histórico. Esta reflexión no se ha visto como un ejercicio meramente intelectual o académico sino como una labor necesaria e íntimamente vinculada con la identidad y praxis de la iglesia en el mundo.

A las comunidades de fe a lo largo y a lo ancho de América Latina, el Caribe, y el mundo, CLADE V se presenta como una nueva oportunidad de encuentro y diálogo, de revisión crítica, confesión y proyección creativa. Como decía Samuel Escobar en los inicios de la FTL:

La toma de conciencia teológica que se dio en Bogotá… consistió primero en comprobar que una comunidad evangélica dinámica y que crecía rápidamente iba llegando a cierta mayoría de edad sin identidad ni expresión teológica. Se comprobó también que la toma de conciencia res­pecto a una crisis en el continente encontraba a los evangélicos sin respues­ta ni alternativas serias frente al pensamiento que empezaba a forjarse en el ámbito ecuménico. Se percibió finalmente que la dominación misionera que explicaba en parte la falta de expresión teológica, intentaba polarizar desde fuera a la comunidad evangélica latino­americana (Escobar: Boletín 59-60).

Los tres ejes centrales, expresados en el lema son:

1. Sigamos a Jesús, por­que como iglesia de Jesucristo necesitamos aprender a seguirle, a encarnar con compromiso un discipulado integral en esta era donde se ha globalizado la sed del consumo y aprisionado la imaginación de pueblos enteros;

2. En su Reino de Vida, porque el Reino de Dios es reino de vida, aun en un contexto latinoameri­cano y caribeño tan plagado por múltiples expresiones de privación y muerte; y

3. ¡Guíanos, Santo Espíritu! porque el nuestro es un ruego, un clamor, una con­fesión en un medio en el cual demasiados evangélicos se sienten triunfalistas por el crecimiento numérico, y el acceso al poder anestesia a muchos a las demandas radicales del evangelio.

Aunque el encuentro de CLADE V tendrá lugar del 9 al 13 de julio del 2012, en San José, Costa Rica, CLADE V, más que un evento, es un proceso que consta de tres momentos entrelazados:

1. Proceso de participación CLADE V (septiembre 2011-junio 2012)

En el sitio www.clade5.org y a disposición de miembros de la FTL y grupos inte­resados está el Cuaderno de Participación, con preguntas para reflexión comunitaria. (A partir de noviembre, también estará en formato impreso publicado por Ediciones Kairós.) Quienes quieran pueden también participar de Foros de Reflexión ordenados temática­mente.

2. Encuentro CLADE V (9-13 julio, 2012).

Obviamente, los cupos en San José son limitados, pero también se llevarán a cabo encuentros paralelos en diversas ciuda­des de América Latina y el Caribe.

3. Proceso de transformación CLADE V (de agosto 2012 en adelante)

La re­flexión generada durante las etapas 1 y 2 seguirá volcándose mediante publicacio­nes, consultas y encuentros locales de todo tipo en búsqueda de una presencia fiel como testigos del Reino de Dios en nuestro medio.

Los desafíos para esta época están planteados. Tenemos una rica herencia; la FTL ha impactado dentro y fuera del continente con su misionología integral, su hermenéutica contextual, su resistencia a ser forzada a calzar categorías exóge­nas, su apuesta a la unidad y al encuentro dialogal.

Pero el panorama social, político, económico de América Latina y el Cari­be no deja de ser lúgubre. Si usted es joven entre 17-25 años de edad, es 70 veces más probable que pueda morir asesinado que si viviera en Europa. La desigualdad so­cial, la corrupción y la desesperanza parecen haberse instalado inamoviblemente. Mientras tanto, millones de nuestros pueblos se someten a extremas penurias y estatus de «no personas» al emigrar a otras latitudes. En este contexto, el Evan­gelio de nuestro Señor Jesucristo, ¿es verdaderamente tal? Es decir, la revelación de Dios mediante su Espíritu, ¿realmente constituye buena noticia para nuestros pueblos disgregados, nuestros jóvenes desesperanzados, nuestras niñas abusadas?

Acompañémonos en el nada sencillo camino del seguimiento de Jesús, ro­gando la dirección del Espíritu Santo, para que sí demos señales de su Reino de Vida aquí y ahora y nos unamos de tal modo a la multitud de mártires, hombres y mujeres que a través de los siglos han dado testimonio viviente de que Dios es Dios de Vida y su Reino es Reino de Justicia. Hasta que Jesús regrese y Dios com­plete su buena creación.